Siete de cada diez empresas familiares no sobreviven a la segunda generación del negocio familiar debido a la confusión entre el ámbito laboral y el familiar, así como a la eventual falta de profesionalidad de sus miembros, según el libro ‘Empresa familia

En el manual se asegura que los riesgos de crisis en las empresas familiares van aumentando a medida que transcurre el tiempo, cuando la empresa está en manos de los hijos del fundador y de sus familias. 

«La confusión de intereses personales y profesionales suelen ser un escollo importante; además de que en algunas empresas los miembros de la familia no tienen la profesionalización que requiere un puesto directivo», señaló la profesora López-Cózar. 

En opinión de la experta, un escenario económico hostil y la incertidumbre general que provoca lleva a muchos directivos a plantearse el futuro, por lo que muchas empresas no familiares consideran su venta o disolución. 

Sin embargo, en el caso de la empresa familiar, la «dedicación» que pone una familia al cuidado de su negocio «no tiene límites», ya que es la base de su sustento, por lo que es preciso una visión a largo plazo y de continuidad. 

En este sentido, López Cózar abogó por la creación de un protocolo que regule las relaciones personales, económicas y profesionales entre los miembros de la familia y la empresa.

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